Estacionalidad turística: qué es y como combatirla

Estacionalidad turística: qué es y como combatirla

La estacionalidad turística es uno de los conceptos que se estudia en nuestro grado en Turismo y que hoy en nuestro artículo analizamos qué es, qué no es, algunos de sus ejemplos, sus consecuencias y tres propuestas para combatirla.

Qué es la estacionalidad turística

La estacionalidad turística es la concentración de la demanda en un determinado periodo del año. Muchos son los factores que pueden provocarla. El principal de ellos, el clima y el medio natural, como en los destinos considerados como ‘de sol y playa’ o de turismo invernal. Sin embargo, un determinado evento o festividad (o una concatenación de unos y otros) también pueden hacer que aumente exponencialmente el número de visitantes de un determinado lugar.

Los profesionales del sector turístico no deben confundir estacionalidad turística con rotación, pues este último término hace mención al tiempo que se mantiene un determinado profesional en el ejercicio de su profesión. Un ejemplo de ello puede ser el guía correo o acompañante, que suele caracterizarse por una gran rotación: debido a que pasa mucho tiempo fuera de casa, con el paso de los años suelen terminar buscando puestos más estables, como el guía local. Sin embargo, aunque sea un trabajo de gran rotación, no tiene por qué ser estacional: puede estar trabajando todo el año, perfectamente.

Ejemplos de estacionalidad turística

A nivel de destino turístico, estos son algunos ejemplos de este concepto que protagoniza este post:

  • Salou: aumento de la demanda en los meses veraniegos
  • Andorra: importante atracción de demanda en los meses de invierno y principios de primavera, durante la temporada de nieve
  • Pamplona: explosión de demanda en la primera quincena de julio, por las fiestas de San Fermín

Consecuencias y cómo combatir la estacionalidad

Este fenómeno tiene, intrínsecamente, una parte positiva: el destino o recurso turístico cuenta con ‘algo’ que sin duda atrae a los turistas, aunque sea solo durante unas semanas o meses. Pero a nadie se le escapa que también tiene una cara negativa: cuando termina ese periodo álgido, la demanda decrece. Y eso provoca que los empleos sean también más temporales de lo normal y que los establecimientos turísticos sufran caídas en los ingresos, algo que deberían tener ya previsto en sus proyecciones económicas.

Combatirla o paliarla en cierta medida no siempre es fácil, pero hay determinadas acciones estratégicas que pueden tener resultados positivos en ello. Esta es una breve lista de propuestas:

  • Diversificación de propuestas turísticas: cuanto mayor sea el número de planes a disfrutar en un destino, más posibilidades hay de que las llegadas y las visitas se repartan durante el resto del año. La gastronomía o el bienestar pueden ser buenos aliados en este sentido
  • ‘Reciclaje’ de instalaciones: terminada la temporada alta, muchas instalaciones quedan infrautilizadas. Por ejemplo, las estaciones de esquí cuando se funde la nieve. Pero muchas estaciones han sabido aprovechar sus pistas o sus remontes para crear circuitos de BTT y propuestas de ocio similares
  • Búsqueda de nichos menos estacionales, especialmente por el factor precio: el mejor ejemplo de ello es el IMSERSO, que mueve numerosos viajeros de la Tercera Edad: su menor poder adquisitivo y su mayor disponibilidad de tiempo durante el año los hace más proclives a viajar en temporada baja

Como hemos visto la estacionalidad turística es un concepto muy importante que se ha de intentar combatir especialmente en los destinos más afectados para intentar minimizar el impacto negativo que este tiene en la economía del lugar.

 

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